9. Desenlace


Se nos habla de finales felices, de finales trágicos, pero todos con aviso, con la consecución de un desenlace que indica que la historia perece, como en un film. Anticipas el “The end”, siendo capaz de discurrir qué pasará y cuáles serán las consecuencias. Pero nadie nos habló de los finales inesperados, los desenlaces fugaces que transcurren dejándote un vacío interno, el que algo acabe para ti mientras para el resto del mundo sigue girando. Finales anodinos que no se manifiestan como tal y que enmascaran un sentimiento que aflorará a posteriori.

Todo pasa y todo llega, pero, en ocasiones, desconocemos cuándo pasará y nos encontramos a distancia, con cara de memos, asumiendo la situación y con una mano medio alzada para una despedida que nunca llegó a tiempo.

Esa persona se marchará, una etapa satisfactoria (u horrible) acabará de repente, sin que te dé tiempo a asimilarlo. Lo creerás increíble, o no, pero tú seguirás adelante hasta que pares en seco en tu camino vital, cuando el cubo de agua fría que amenazaba con volcarse se derrame, al fin, sobre tu cabeza. Entonces llega la nostalgia, no necesariamente el dolor. En otras ocasiones el arrepentimiento, “debería haber aprovechado”,  el reproche o la calidez del recuerdo. No todo tiempo pasado fue mejor, pero sí ha marcado un antes y un después en nuestras vidas.

Somos animales de costumbres, el roce hace el cariño y, vivir de forma prolongada con algo o alguien, nos conduce a amarlo. No nos engañemos, todo desenlace talla una mueca en nuestros corazones, marca un fin y anuncia un comienzo de algo aún desconocido y cuya introducción podría demorarse. El nuevo comienzo puede necesitar tomarse el tiempo que empleemos para reponernos, para prepararnos para la acogida de la nueva etapa, de esa persona cuyo rostro, facciones, expresiones y sonrisa nos son aún desconocidas.

De igual manera que la palabra fin se dibuja ante nuestros ojos, la continuación, que acostumbra a tener bien poco de continuación, llega sin llamar a la puerta. Aunque, al final, acaba estando en nuestra mano el tomar o no la bifurcación que se abre en uno de los márgenes del sendero.

Así, un desenlace supone una parada, un alto en nuestras vidas que nos sume en un momento congelado por el hielo de la añoranza, la nostalgia, la decisión o indecisión, la revisión y recopilación de las experiencias vividas para forjar un sí o un no ante lo desconocido que se presenta. Mientras, el tic tac de los relojes anuncia su avance, el sol sigue su curso de orto a ocaso, nadie te espera ni se detiene a vivir un adiós que no les corresponde. Y tú avanzas a paso lento, dudando qué dirección tomar, para bien o para mal, con más o menos entusiasmo, con lágrimas o con una amplia sonrisa, pero con la palabra desenlace escrita en las pupilas, desenlazándote de la época pasada para enlazarte con la venidera.

Dedicado a I. C. P.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Humildad

Gofre

Sueño de una noche de verano - Tolerante